jueves, 17 de julio de 2014

Rayo ven

La flor roja se agita por la tormenta que se avecina. Comienza a llover sobre la casa del pantano. Vanesa sale a la terraza bajo la lluvia, Daniel y Lombano la siguen. Vanesa cierra la puerta y le coloca como traba una barra de hierro. Lombano ríe y comienza a desvestir a Daniel quien sonríe preocupado. Vanesa se acerca y besa a Daniel en los labios, se los moja con su lengua. Llueve cada vez más fuerte, Vanesa se saca la ropa y ayuda a Lombano a desnudar a Daniel. Se acuestan abrazados en el piso. El cielo se abre apenas y un rayo dorado infinito cae en la terraza. Vanesa abre sus piernas y ofrece su pubis al rayo. Al mínimo roce se contrae de placer y les transmite la energía a Daniel y Lombano que se abrazan maravillados. En la casa oscura, al fondo del pasillo, una sombra se mueve, es el jardinero, que sígilmente se acerca a los gemidos. Al llegar junto a la puerta se agacha y mira por la cerradura. A través de ella, bajo la lluvia, ve el abrazo de los amantes. Vanesa acaricia a Lombano quien besa su vientre. Daniel sonríe y ante el llamado de Vanesa se acerca y le besa los duros pezones. Braulio comienza a masturbarse pero se detiene, insatisfecho se levanta y trata de abrir la puerta, comienza a patearla pero la puerta resiste. En el jardín la flor roja es destrozada por el viento. Vanesa sonríe extasiada, el rayo rebota en la terraza y sube un par de metros terminando en una bola de fuego. El jardinero grita desesperado por un agujero en la pared. Desde la bola de fuego el rayo se prolonga hasta los llantos del anciano, a toda velocidad entra a la casa por un agujero, rebota en el piso y da en la frente de Braulio quien al instante calla extasiado y su cuerpo cae contra el armario. Sus pies no lo sostienen, flota y sonríe. De un momento para otro el rayo desaparece. En la terraza, quedan tirados en el piso bajo la lluvia, abrazados. Adentro el jardinero está desmayado contra un rincón. Se hace de noche en un segundo, todo queda inmerso en una profunda penumbra iluminado por momentos por los fogonazos de los relámpagos y rayos. Los cuerpos siguen inmóviles un buen rato bajo la lluvia. Comienzan a temblar por el frío. Gotas gordas de lluvia se deslizan sobre los muslos duros, fríos y con piel de gallina. 

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