La flor roja se agita por la tormenta que se avecina.
Comienza a llover sobre la casa del pantano. Vanesa sale a la terraza bajo la
lluvia, Daniel y Lombano la siguen. Vanesa cierra la puerta y le coloca como
traba una barra de hierro. Lombano ríe y comienza a desvestir a Daniel quien
sonríe preocupado. Vanesa se acerca y besa a Daniel en los labios, se los moja
con su lengua. Llueve cada vez más fuerte, Vanesa se saca la ropa y ayuda a
Lombano a desnudar a Daniel. Se acuestan abrazados en el piso. El cielo se abre
apenas y un rayo dorado infinito cae en la terraza. Vanesa abre sus piernas y
ofrece su pubis al rayo. Al mínimo roce se contrae de placer y les transmite la
energía a Daniel y Lombano que se abrazan maravillados. En la casa oscura, al
fondo del pasillo, una sombra se mueve, es el jardinero, que sígilmente se
acerca a los gemidos. Al llegar junto a la puerta se agacha y mira por la
cerradura. A través de ella, bajo la lluvia, ve el abrazo de los amantes.
Vanesa acaricia a Lombano quien besa su vientre. Daniel sonríe y ante el
llamado de Vanesa se acerca y le besa los duros pezones. Braulio comienza a masturbarse pero se detiene, insatisfecho se levanta y trata de
abrir la puerta, comienza a patearla pero la puerta resiste. En el jardín la
flor roja es destrozada por el viento. Vanesa sonríe extasiada, el rayo rebota
en la terraza y sube un par de metros terminando en una bola de fuego. El
jardinero grita desesperado por un agujero en la pared. Desde la bola de fuego
el rayo se prolonga hasta los llantos del anciano, a toda velocidad entra a la
casa por un agujero, rebota en el piso y da en la frente de Braulio quien al
instante calla extasiado y su cuerpo cae contra el armario. Sus pies no lo
sostienen, flota y sonríe. De un momento para otro el rayo desaparece. En la
terraza, quedan tirados en el piso bajo la lluvia, abrazados. Adentro el
jardinero está desmayado contra un rincón. Se hace de noche en un segundo, todo
queda inmerso en una profunda penumbra iluminado por momentos por los fogonazos
de los relámpagos y rayos. Los cuerpos siguen inmóviles un buen rato bajo la
lluvia. Comienzan a temblar por el frío. Gotas gordas de lluvia se deslizan
sobre los muslos duros, fríos y con piel de gallina.
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